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La revolución silenciosa de Ford: cómo la plataforma UEV rompe el mito de las baterías gigantes


Una nueva forma de pensar la ingeniería eléctrica: menos peso, menos piezas, más eficiencia y una cultura de “recompensas” que está reescribiendo cómo se diseñan los vehículos del futuro.


Especial para AUTORUTAS / DAVID TAMARIZ/ Hasta principios de los años 70, la industria automotriz seguía una lógica casi incuestionable: más potencia requería motores más grandes, más pesados y más costosos. Pero la crisis del combustible de mediados de esa década lo cambió todo. De repente, la eficiencia dejó de ser un lujo y se convirtió en una necesidad. Y ahí apareció un héroe inesperado: el turbocompresor.

Ilustración del prototipo. La eficiencia aerodinámica es más de un 15 % superior a la de cualquier otra camioneta pickup del mercado actual y, en última instancia, se traducirá en una mayor autonomía y un menor coste para nuestros clientes, según las pruebas internas de Ford.

Lo que comenzó como una tecnología de competición terminó revolucionando el mercado general en 1973 con el BMW 2002 Turbo. Por primera vez, un motor pequeño podía comportarse como uno grande, desafiando la física y demostrando que la inteligencia podía superar a la fuerza bruta. Décadas después, Ford apostó fuerte con EcoBoost en la F-150, y el tiempo le dio la razón: hoy, casi el 75% de las F-150 se venden con motores turbo.

El nuevo desafío: autonomía eléctrica sin baterías gigantes

Hoy la historia se repite, pero en clave eléctrica. La industria ha respondido a la ansiedad por la autonomía con una solución simple pero costosa: baterías cada vez más grandes. El problema es que la batería representa cerca del 40% del costo total del vehículo y más del 25% de su peso. Más batería significa más peso, más costo y más complejidad.

La apuesta de Ford para romper ese ciclo es clara: no se trata de poner baterías más grandes, sino de hacer vehículos más inteligentes. La plataforma UEV nace con esa filosofía: obtener más kilómetros con una batería más pequeña, simplificar sistemas y reducir piezas para crear una nueva generación de vehículos eléctricos realmente asequibles.

Recompensas: una nueva forma de pensar la ingeniería

Para lograrlo, Ford creó un equipo especial dentro de su operación tipo skunkworks, encargado de analizar cada decisión de diseño como parte de un sistema completo. Así nacieron las “recompensas”: métricas que muestran el impacto real de cada cambio en autonomía, peso y costo de batería.

En lugar de departamentos aislados defendiendo sus piezas, todos los equipos comparten ahora un mismo objetivo. Por ejemplo, agregar solo 1 mm a la altura del techo puede costar 1,30 dólares adicionales en batería o reducir 0,055 millas de autonomía. Con esa claridad, las decisiones dejan de ser negociaciones internas y se convierten en elecciones alineadas con lo que realmente importa: el cliente.

Energía más inteligente: la arquitectura eléctrica como ventaja

Otro paso clave fue traer internamente el diseño de la arquitectura eléctrica y la electrónica de potencia. Con la adquisición de Auto Motive Power (AMP), Ford integró un equipo experto en gestión energética para reducir pérdidas, optimizar conversiones y eliminar componentes innecesarios.

El resultado es un ecosistema de carga totalmente diseñado por Ford, con hardware y software trabajando como un solo sistema. Esto permite cargas más rápidas, mayor vida útil de la batería y un menor costo total de propiedad. Además, la nueva arquitectura permitió que el arnés de cables de la futura camioneta eléctrica mediana sea 1214 metros más corto y 10 kilos más liviano que el de la generación anterior.

Una plataforma que no se puede copiar con una sola pieza

Ford sabe que habrá escépticos, como los hubo con EcoBoost. Pero esta vez no se trata de un componente aislado: es una plataforma integrada, donde cada decisión está conectada con la siguiente. No es una solución que se pueda replicar simplemente comprando un proveedor.

Si la apuesta funciona, Ford tendrá una familia de vehículos eléctricos capaces de competir en precio con los mejores del mundo, incluyendo los de gasolina. El trabajo continúa, pero el progreso es real y la visión es clara.

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